Guillermo Rocafort, abogado, economista, especialista en paraísos fiscales y fondos buitre, profesor de la Universidad Europea y de la Carlos III y apasionado de la historia militar, acaba de publicar su último ensayo, escrito al alimón con Enrique Refoyo, titulado «Rusia y el nuevo orden mundial. La multipolaridad en el tablero geopolítico». Una obra que si hubiera que definirla con un adjetivo ese sería, sin duda, el de provocador.
En esta entrevista desgrana sus claves y sus tesis más controvertidas: el fin de la hegemonía anglosajona, el auge de los BRICS y la posibilidad de que el mundo hispánico recupere protagonismo en un escenario multipolar.
¿Qué les llevó a escribir este libro?
Sobre todo la necesidad de dar a conocer la realidad de Rusia, tan tergiversada y mediatizada en Occidente. Los conflictos que vemos hoy —Ucrania, Moldavia, Georgia, los Balcanes— son herencias congeladas de la disolución de la URSS.
Quisimos explicar cómo hemos llegado hasta aquí y qué papel juega la geopolítica. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial vivimos bajo una hegemonía anglosajona, pero ahora emergen potencias como China, India, Rusia o Brasil que proponen un mundo multipolar.
Mi libro busca ofrecer esa visión rusa y multipolar en lengua española.
El título menciona tres conceptos: Rusia, multipolaridad e Hispanidad. ¿Cómo se relacionan?
Veo paralelismos históricos entre el Imperio español y el ruso. Ambos fueron integradores, civilizadores, no depredadores, como el inglés. España perdió su posición geopolítica tras el siglo XIX por el empuje de las potencias anglosajonas, igual que Rusia sufrió el acoso de Occidente.
En cuanto a la Hispanidad, los rusos no distinguen entre españoles, argentinos, chilenos o mexicanos: nos ven como una civilización con lengua, religión, tradición y derecho comunes. Y creen que podemos jugar un papel como polo autónomo dentro del nuevo orden multipolar.
¿Qué es la multipolaridad de la que habla y cómo sería, según su punto de vista?
La multipolaridad es una nueva realidad de las relaciones internacionales que se basa en que no hay una potencia hegemónica, como ha sido Estados Unidos, sino que hay distintos polos en el mundo que se contrarrestan y que se equilibran, como, por ejemplo el polo ruso, el polo chino, el polo indio, lo que son los BRICs, el polo africano, el polo árabe, el polo hispánico, el polo anglosajón…
Lo que se busca es llegar a unas relaciones pacíficas de colaboración económica que den lugar a un nuevo orden mundial.
No se trata de bloques cerrados, sino de reconocer que el “Sur global” ya no acepta imposiciones. Rusia, China y otros países plantean un escenario de cooperación, no de sumisión.
No quieren que les bombardeen para imponerles políticas: buscan ser interlocutores en pie de igualdad. Por eso tienen canales en español, en árabe o en francés; quieren ser escuchados.

En el libro usted critica a las élites anglosajonas y explica cómo la deuda fue una herramienta para controlar Hispanoamérica.
Tras la independencia de los virreinatos españoles en América, los libertadores hispanoamericanos quedaron atrapados por préstamos leoninos. Este es un dato que muchos desconocen.
Los británicos controlaron el comercio y los recursos naturales de esas nuevas naciones a cambio de esa supuesta libertad.
Panamá —que quedó como garantía de una deuda de la Gran Colombia— o la deuda externa argentina son ejemplos claros. Fue una forma de colonización financiera que continúa hoy, más de 200 años después, a través del FMI y el Banco Mundial.
¿Está usted afirmando que la independencia de todas aquellas nuevas naciones fue un mal negocio para todas ellas?
Totalmente. México perdió dos tercios de su territorio y la región se fragmentó. La deuda generó guerras civiles constantes. Se rompió un sistema económico que funcionaba: había comercio fluido, ausencia de gastos militares enormes y riqueza distribuida.
Después todo se gastó en guerras fratricidas y los países quedaron atrapados en manos extranjeras. Como se suele decir hoy, esto lo ve hasta un ciego.
«La Unión Europea está condenada a entenderse con la Rusia de Putin»
Usted propone una confederación de naciones hispánicas y replantearse la pertenencia a la Unión Europea. ¿Por qué? Explíquelo.
Porque el euro ha empobrecido a los países del sur: no nos permite devaluar, limita nuestra soberanía económica y beneficia a Alemania. La UE funciona como un corsé.
Frente a eso, defiendo que España mire de nuevo hacia Iberoamérica y vertebre una auténtica comunidad de naciones hispánicas, no una simple organización decorativa como la actual OEI, sino una especie de Commonwealth hispánica. De todas las naciones que compartimos idiomas hermanos, el español y el portugués,
Somos 800 millones de personas con una cultura común y un potencial económico enorme. Podríamos crear acuerdos de libre comercio, cooperación científica, sanitaria, cultural y militar, y aprovechar nuestra posición como puente entre Europa y América. Todo cimentado sobre el respeto a la soberanía de las naciones
¿Cómo ve la guerra de Ucrania? Me lo puedo imaginar, teniendo en cuenta que su libro es proruso.
Es una guerra civil en una nación plurinacional. La raíz del conflicto está en las políticas que prohibieron el uso del ruso o el húngaro en las escuelas, generando tensiones con minorías que llevan siglos en la región.
Rusia no va a tolerar que se coloquen misiles de la OTAN en su frontera; considera esta intervención como una operación limitada, no como una guerra clásica. Por eso creo que al final consolidará su posición. Cuanto más tarde en negociarse la paz, más se resentirá Europa, que es la gran perdedora.

¿Europa está condenada a entenderse con la Rusia de Putin?
Sí, sin duda, la Unión Europea está condenada a entenderse con la Rusia de Putin. Básicamente porque todos somos Europa. Ellos también son una nación milenaria europea y porque tenemos muchos intereses compartidos. Ellos tienen lo que a nosotros nos falta y nosotros tenemos lo que les falta a ellos.
Lo inteligente, desde un punto de vista de las relaciones internacionales, sería superar los recelos y los desencuentros y avanzar por procesos de desarrollo económico porque hay que reconocer que desde el comienzo de la guerra con Ucrania, en 2022, la Unión Europea ha entrado en una situación económica muy mala. Por el contrario, a Rusia, las sanciones de Europa no le han supuesto ningún impacto. Habría que explorar el camino del entendimiento entre las dos partes.
Usted plantea que España podría tener un papel propio si recuperara su conciencia de civilización. Explíqueme ese concepto porque no lo veo muy claro.
Claro. Debemos dejar de ser espectadores pasivos de la historia. España, como el resto de la Hispanidad, tiene intereses propios en el Estrecho de Gibraltar, en América, en África. Si no nos integramos en el mundo multipolar, seremos meros peones de otras potencias.
¿Qué papel está jugando Donald Trump en esta reconfiguración del orden mundial?
Trump puso en cuestión el papel de Estados Unidos como gendarme del mundo. Su mensaje fue: “Nosotros primero, no vamos a cargar con todo”.
Eso ha debilitado el orden nacido en 1945. Muchos, en EE.UU., están cansados de guerras interminables mientras su industria y su clase media se deterioran.
Él representa la reacción de esa clase media que busca aranceles, protección de su mercado interno y recuperación de la soberanía.
En su libro menciona a Alexander Dugin. ¿Quién es Dugin y que importancia tiene su pensamiento?
Es una figura clave para entender la doctrina geopolítica rusa. Viene de un movimiento conservador, no comunista, y plantea que el mundo no debe organizarse en torno a Estados, sino a civilizaciones.
Defiende que Rusia, como civilización, tiene derecho a proteger sus valores frente al globalismo. Ha tenido una influencia creciente en el Kremlin, especialmente después del asesinato de su hija.
«Vamos hacia la ‘trampa de Tucídides’, el enfrentamiento entre una potencia en declive, que hoy es Estados Unidos, y otra emergente, que es China. Mi esperanza es que aprendamos de la historia y optemos por la negociación en lugar del conflicto».
En su libro reflexiona sobre que Occidente no se da cuenta de una realidad evidente: que ya no es el centro económico….
Vamos hacia un mundo multipolar. El centro económico ya no está en Occidente: se ha desplazado a Asia. Los BRICS se fortalecen, la Organización de Shanghái avanza. Si Occidente acepta esta realidad y coopera, habrá equilibrio.
Si no, se repetirá la “trampa de Tucídides”: el enfrentamiento entre una potencia en declive y otra emergente. Tucídides, el historiador griego que narró la guerra del Peloponeso, en el siglo V antes de Cristo, entre Esparta, potencia dominante, y Atenas, potencia emergente, escribió que «el ascenso de Atenas y el miedo que esto despertó en Esparta hizo inevitable la guerra».
Mi esperanza es que aprendamos de la historia y optemos por la negociación en lugar del conflicto.
Ustedes dedica mucho espacio al concepto de “civilización”. ¿Por qué?
Porque en este mundo multipolar las naciones ya no son el centro. Lo son las civilizaciones: la china, la india, la rusa, la islámica, la africana, la anglosajona y la iberoamericana. Cada una con su cultura y su historia.
Los rusos nos consideran una civilización, aunque ahora estemos debilitados. Recuperar esa conciencia nos permitiría tener voz propia.

Para resumir, ¿cuál es la tesis central de Rusia y el nuevo orden mundial?
Que debemos abrir los ojos a una realidad geopolítica que no nos cuentan. El libro no pretende que el lector simpatice con Rusia, sino que entienda por qué actúa como actúa y cómo está cambiando el tablero global. Solo conociendo las motivaciones de otros pueblos podremos defender mejor nuestros propios intereses como hispanos.
¿Y el mensaje final para los lectores?
Que estudien geopolítica. Durante siglos nos han mantenido en una “infantilidad geopolítica”: no nos enseñan a pensar en términos estratégicos. Somos una civilización con intereses propios. Debemos comprender cómo funciona el mundo para dejar de ser espectadores y volver a ser protagonistas.
Nuestro libro es, en definitiva, una reflexión y una llamada a mirar más allá del discurso oficial y a reflexionar sobre el lugar que España y el mundo hispánico pueden ocupar en un planeta que se reorganiza a gran velocidad.
