La reseña la ha realizado un señor que se hace llamar » Malakh» en la pagina de goodread.
ESTE ES NUESTRO LIBRO AL RESPECTO BALAS EN AGOSTO
» Un error que jamás debería cometerse cuando de Historia se trata, aunque por desgracia sea en extremo habitual, es el de afirmar que una obra es «definitiva», es decir, que de alguna manera cierra el debate sobre cierto tema porque ha sentenciado como decisiva y concluyente una «verdad» que en adelante permanecerá, en sus aspectos generales, invariable. Los debates cerrados son el embrión de las versiones oficiales que, una vez consolidadas, se transforman en fortalezas inexpugnables, no tanto por el relato histórico que predican, siempre analizable a la luz de la documentación y las nuevas perspectivas, sino por la tenaz y sectaria resistencia de los defensores de esa verdad inamovible. Sin embargo, la Historia es continuo examen, revisión constante, volver sobre los pasos dados y, especialmente, evitar con todo lo que esté en nuestras manos discernir la propaganda apasionada y los panfletos partidistas de los intentos genuinos de reconstruir el pasado de manera coherente y honesta.
La matanza de Badajoz ante los muros de la propaganda no es, por tanto, un libro definitivo sobre los sucesos relativos a la toma de la ciudad el 14 de agosto de 1936 y la represión de los días posteriores. No obstante, es una obra de formidable importancia, especialmente por los mitos que logra derribar en su minuciosa exposición, pero también porque sienta las bases documentales y metodológicas en las que no tendrán más remedio que apoyarse los estudios que le sucedan. Siendo los cimientos fundamentales de la obra las crónicas periodísticas escritas en las fechas que acontecieron los eventos, los autores, por añadidura, han sacado a la luz millas de documentos y cientos de expedientes y fotografías de la época, procedentes de cuarenta archivos y hemerotecas de los más diversos países.
El trabajo, principiado por un prólogo de Ángel David Martín Rubio, es presentado en dos bloques: en primer lugar, la marcha por tierras pacenses de la Columna Madrid hasta la toma de Badajoz y la entrada de los periodistas en la ciudad; y en segundo, la guerra de la propaganda desatada por los «soldados de papel» en torno a la conquista de la plaza y la represión posterior. Tras comenzar con una minuciosa reconstrucción de los movimientos de las fuerzas operantes y sus disposiciones, la obra llega al objeto principal de su estudio: la propaganda generada en torno a los sucesos acaecidos en Badajoz entre los días 14 y 19 de agosto. Esta difusión de relatos falaces sobre las atrocidades del adversario tendrá la misma estructura y algunos de los protagonistas que la batalla propagandística que había tenido lugar ante el fracasado golpe de Estado socialista de octubre de 1934.
La denuncia de atrocidades, ya eran reales, exageradas o directamente falsas, se había convertido desde la Primera Guerra Mundial en un modelo consolidado dentro del marco de la guerra propagandística. Los gobiernos solían tener responsabilidad en la difusión de estas historias y poseían distintos objetivos de tipo político y diplomático. En el caso de la matanza de Badajoz, el gabinete de José Giral necesitaba que las atrocidades cometidas por los sublevados fueran ampliamente divulgadas en el extranjero como medio para lograr la ruptura del Pacto de No Intervención de las principales potencias democráticas. Por otro lado, la creación de este tipo de mitos servía para tapar las propias vergüenzas del gobierno de Madrid, como la matanza de la cárcel Modelo del 22 de agosto, momento álgido en la batalla de la propaganda por Badajoz.
Hoy sabemos que ningún periodista estuvo presente en Badajoz el día en que fue tomado, ya que el entonces teniente coronel Yagüe no permitió que acompañaran a las tropas por el peligro que ello entrañaba. Sería al día siguiente, el 15 de agosto, cuando comenzaran a llegar los enviados portugueses y franceses. En primer lugar, Mario Neves, Marcel Dany y Jacques Berthet; y posteriormente Mario Pires, su fotógrafo Ferreira da Cunha, Jose Barão, René Brut, etc. En total, los autores han localizado a más de treinta periodistas que pisaron la Badajoz y observaron el estado en el que se encontraba la ciudad tras la conquista, incluyendo en la obra sus testimonios contrastados.
El mito de la matanza de Badajoz se articula principalmente en torno a dos grandes historias: el número de justiciados por los legionarios y regulares y la leyenda de la masacre acaecida en la plaza de toros. La propaganda referente al tamaño de la represión comenzó el mismo día de la toma, iniciada por los testimonios de los refugiados frentepopulistas que cruzaron la frontera portuguesa. Posteriormente, con la entrada de los periodistas en la ciudad, se escribirán los distintos relatos contradictorios, en los que Jacques Berthet hablaría de más de 2000 muertos en apenas un día, en contraste con los testimonios de sus compañeros. Los sublevados, al finalizar la pacificación de la plaza, procedieron a efectuar juicios sumarísimos a los soldados del ejército republicano, así como a aquellos civiles que identificaban como milicianos por las señales moradas en el hombro derecho causados por el retroceso del arma y que, por consiguiente, habían tomado parte en la resistencia armada.
Por otro lado, se encuentra la popular leyenda de la plaza de toros, iniciada por el artículo de Indalecio Prieto el 19 de agosto en el periódico Informaciones . Según la versión del próximo ministro de Marina y Aire y la posterior y más pormenorizada descripción de su amigo y periodista estadounidense Jay Allen en el Chicago Tribune, los sublevados «hicieron entrar en la plaza» a los «rojos», donde «les esperaban las ametralladoras» en los tendidos. Tras «la primera noche, la sangre alcanzó un palmo de espesor en el lado más alejado de la plaza». Estos relatos serían la génesis de un mito que sería completado por grandes fastos en los que una plaza abarrotada por los «señoritos» de Badajoz, con Yagüe y Castejón en la tribuna dirigiendo el acto, festejarían y reirían mientras los republicanos eran ametrallados y los diputados socialistas toreados.
Esta leyenda, tan común y acríticamente reescrita, es absolutamente demolida por Francisco Pilo, Moisés Domínguez y Fernando de la Iglesia, que contraponen las distintas informaciones ofrecidas por los periodistas que se personaron en Badajoz. En los días siguientes a la conquista de la plaza, los reporteros no observaron en ningún caso indicios de fusilamientos en la plaza de toros, sino que éstos se realizaron en la Comandancia, en la Plaza de San Juan y finalmente, en el cementerio, mientras que el ruedo sirvió como lugar de concentración e identificación de los prisioneros republicanos. Por el contrario, Jay Allen, que nunca estuvo en Badajoz, escribió sus crónicas desde Marruecos, afirmando haber visto los sucesos de primera mano y siendo conocido en adelante como «el periodista mejor informado de la Guerra Civil española».
Estos mitos serán perpetuados por la historiografía posterior, cuyos ecos todavía persisten hasta nuestros días. Arthur Koestler, al igual que Jay Allen, respondía ante Willi Münzenberg, responsable de propaganda de la Komintern en Europa Occidental y que se coordinaba con el gobierno de Largo Caballero por medio de Julio Álvarez del Vayo. En su obra Sacrificio humano sin precedentes: un libro negro sobre España , ofrece una versión en la que miles de republicanos fueron ejecutados tras el asalto a la ciudad con cinco tanques, algo que sólo puede responder a una imaginación novelesca ya que en ningún caso dispusieron los atacantes de acorazados durante la operación. En la misma línea se situarían los relatos ulteriores, en los que se llegaron a relatar las muertes de más de 10000 izquierdistas y que se sirvieron de la invención de testigos ocultares inexistentes. En este sentido, los artículos de John T. Whitaker, que tampoco estuvo en Badajoz y en los que llega a proyectar una ficticia entrevista con Yagüe, y Herbert Southworth con su libro El mito de la cruzada de Franco , continuarían transmitiendo la propaganda frentepopulista recopilada durante el conflicto.
Habiendo cumplido este mismo año el octogésimo quinto aniversario de este episodio de la Guerra Civil española, a todos debería sorprender que en la historiografía académica el número de muertos durante la toma de Badajoz y su posterior represión oscilante entre 300 y 9000, especialmente cuando la ciudad pacense contaba con poco más de 40000 habitantes. En conclusión, sólo podemos interpretar este hecho afirmando que en el debate se encuentran ciertos mitos históricos de gran calado que bloquean el estudio escrupuloso de los acontecimientos. Esta obra constituye una aportación de valor inestimable a la revisión de la conocida como matanza de Badajoz, aportando además un anexo fotográfico con una colección de imágenes captadas por los periodistas que entraron en la ciudad el 15 de agosto de 1936″ .

General Yagüe, Honor y Dignidad!