
Primero, la dirección política e ideológica que impuso los USA al príncipe Juan Carlos desde el momento en que este fue designado sucesor por Franco el 22 de julio de 1969. España, después de Franco, debía ser una democracia liberal como la norteamericana y las demás naciones europeas. Y Juan Carlos se echó en sus brazos en la certeza de que tendría el más firme apoyo y estabilidad tras ser coronado.
Segundo, el príncipe Juan Carlos, pese a sus escasos conocimientos políticos e históricos, pero con una gran intuición, se decidió por la ruptura absoluta con el régimen de Franco traicionando juramentos y principios. Y entregado como estaba a los USA, traicionó a España y a su mandato en el Sáhara entregándoselo a Marruecos, que era el interés norteamericano.
Tercero, la Transición hacia una democracia liberal se pudo hacer de varias formas, pero siempre salvaguardando el principio de mantener la unidad nacional. Franco, poco antes de morir, conociendo que Juan Carlos destrozaría el Estado construido hasta entonces, lo único que le pidió es que mantuviese España unida. Esto también lo traicionó. Juan Carlos escogió la peor transición posible; hacer una España federalizante camuflada en comunidades autónomas, pactando con las izquierdas socialista y comunista y con los separatismos envueltos en nacionalismo catalán y vasco. Ellos fueron los que impusieron los principales fundamentos en la Constitución del 78.
Consecuencias, el desarrollo de todo lo anterior, tras cuatro años de deriva política hacia el desastre, impulsó la corrección política desde dentro del sistema con una operación política institucional que modificase los errores cometidos hacia un nuevo rumbo. Esta fue la llamada Operación De Gaulle- Operación Armada, apoyada y decidida por el propio Juan Carlos para la formación de un gobierno de concentración nacional presidido por el general Armada y en el que estaba de vicepresidente primero Felipe González. Dicho gobierno tendría como principal misión cambiar la constitución bajo el principio de la unidad nacional y acabar con el terrorismo de ETA. Esto debería estar resuelto en un año y medio hasta las elecciones de 1983, que darían el triunfo absoluto al Partido Socialista.
Pero al fracasar la operación del 23-F solo quedaron sus efectos psicológicos durante 23 años, hasta la llegada de Zapatero al poder.
(Jesús Palacios)
Esta claro que el autogolpe le saldría siempre bien al emérito, cuyo merito fue traicionar.