
La cumbre de derecha europea «patriótica» que tuvo lugar, el pasado fin de semana en Madrid, pone en jaque a la izquierda cultural; la derecha neoconservadora se ha rearmado con los diferentes homólogos europeos.
La crítica ab initio y no sin razón es hacia la debacle actual de la izquierda posmarxista cultural que padece el paroxismo severo del infantilismo, debido a una amalgama de multiculturalidad e ideología de género.
Los pivotes rotativos centrífugos se centran en la defensa de la unidad, pero desde la concepción jacobina, liberal e inorgánica del régimen del 78, que aboga por un sistema multipartidista; lo que se opone al colectivismo de la empresa común colectiva en sustitución del liberalismo económico.
El conservadurismo de los prebostes mundiales que se citaron en Madrid; es el cambio de amo, ya que parafraseando al escritor del siglo de oro: Poderoso caballero es don dinero, Francisco de Quevedo.
La sustitución del globalismo por el status quo del nacional conservadurismo; es consubstancial al modelo económico de Friedman: basado en los albores del concepto afrancesado de laissez faire, laissez passer.
Es la preservación de una biosfera económica que antepone, el individualismo al colectivismo de un marco estado nacional a merced de la oligarquía proviniente que ejerce de jamba de sujeción de las grandes fortunas, y poderes fácticos.
La antecesora trajo consigo, los vicios capitalistas amparados como la ideología de género, la adulteración del patrimonio histórico, y el enfrentamiento civil como arma arrojadiza.
La derecha neoconservadora de modalidad liberal no ha roto los esquemas económicos; de hecho, es pusilánime a un modelo de tónica similar al de los EEUU de América; los aliados de Marruecos e Israel junto con Reino Unido.
La concepción de la familia desde una perspectiva occidental, con el aliciente del individualismo no es más que una caricatura que desemboca en el consumismo, para que este preserve; los cánones, royalties, y las franquicias en Europa.
«La extrema derecha» del siglo XXI es sistémica, y no supone un peligro in situ, para el sistema actual, ya que es enemiga de Eurasia e incluso igual de antifascista que la izquierda cultural que agasaja, el capitalismo.
Santo Tomás Moro, decía que la política ha de estar ligada a lo moral, estando Dios por encima de todo. Pero desde una concepción teocrática no partiendo de la individualidad del individuo, valga la redundancia.
El concepto erróneo es que no se puede sustituir la concepción vertical del estado, por las sociedades. Al contrario hay que cabalgar al tigre; la cumbre de Europa, pretende subirse a la grupa como hizo, el general Pavía, pero desde una idiosincrasia individual, partiendo del dictamen de los EEUU.
Las formaciones de Europa actuales no son más que esa derecha radical liberal que ha liderado revueltas, pero no revoluciones, ya que al contrario; las revoluciones son sofocadas por el imperialismo yanqui y anglosajón que considera colonias a España.
«La extrema derecha» de Bannon y Musk son los que han aupado a estos fenómenos revulsivos, pero ignoran de qué el bipartidismo amenaza con volver, no sin antes reavivar el estímulo de la izquierda arcoíris que agita a sus arcabuceros en las calles.
Frente a una izquierda infantilizada, y a una derecha cavernaria; los que somos vástagos de Roma y herederos de la cultura grecolatina, somos los hoplitas que no nos derretimos a los cantos de sirena de Ulises, y clamamos contra la falacia del socialismo del siglo XXI.
Seguimos mirando hacia el horizonte con ojos azules, y con el corazón bombeando sangre para el mañana que nos pertenece.