
Estas fechas me irritan y me producen náuseas. Occidente está absolutamente perdido y sin posibilidades de dar marcha atrás de esta terrible sensación de la caída del Cristianismo en brazos del globalismo ateo que, con su experimento terrorífico de desmontar el espíritu judeo-cristiano de las sociedades, mal llamadas modernas, y de un islamismo creciente que se extiende por nuestra Europa, dan norma para que sociedades altamente aborregadas entren de cabeza en celebraciones equivocadas de conceptos y completamente absurdas en su empeño consentido de la confusión.
Aunque el trabajo que han hecho con la Navidad, ha calado de forma ya irremediable, con una Iglesia Católica encantada con el resultado y parte del oscuro juego con bastante tufo a masonería, es muy triste ver como en todos los medios públicos te machacan con mensajes tan absolutamente deleznables como el consabido, «La magia de la Navidad», o lo que es todavía peor «El espíritu de la Navidad» y toda esta porquería mueve a «los pastores» a dirigir a los borregos hacia esa triste dinámica de alegría falsa e impostada, de gastar sin sentido, de comilonas, cenas y borracheras para celebrar algo que ni ellos entienden.
La Natividad del Señor es otra cosa bastante más seria, y a la vez más hermosa que todas esas celebraciones ya mencionadas, que solo sirven para con una mentira elaborada provocar un consumo desaforado y absolutamente desquiciado.
El nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo nos mueve a la reflexión y al rezo, a la esperanza, porque Él es fuente salvadora y Luz del mundo. Días, 24 la fecha del nacimiento, 25, La Sagrada familia y el 6, de enero como tradición de ser la fecha en la que unos Magos de Oriente llegaron junto al Niño Dios para ofrecerle unos presentes. Esta es la verdadera Navidad del mundo cristiano, los demás días son fiestas de carácter profano que deberían estar al margen de las Navidades.
Los Elfos y sus ridículas orejas no aportan nada a lo que ya casi todo el mundo denomina «fiestas». Han acabado tergiversándolo todo con el diabólico empeño de acabar con el espíritu religioso y lo van minando poco a poco desde las escuelas creando en las cabezas de las pobres e inocentes criaturas una ilusión materialista de juegos y juguetes,
Esta Navidad el triunfador en teles y radios es el famoso Jamón pata negra y en los canales de televisión, los anuncios horteras y macarrónicos de negros que dan miedo anunciando toda suerte de colonias. Hemos llegado hasta aquí y esto es muy peligroso. El consumismo es una esclavitud que acaba en la desesperación del individuo.
La Civilización Occidental está herida de muerte y con el virus del islam creando metástasis. Sin la FE en Dios ya no queda nada. Sin nuestras tradiciones religiosas estamos perdidos en un mundo aterrador. La verdadera Navidad es incompatible con aglomeraciones, algaradas y avenidas iluminadas, porque esa luz artificial que alumbra la nada, no tiene nada que ver con La Luz del Señor que lo ilumina todo. Feliz Navidad a unos pocos…